lunes, 7 de agosto de 2017

Reserva Natural Concertada Charca de Suárez

Según Baudelaire, lo inesperado, la sorpresa, forman parte de la esencia de lo bello. Y es lo que pasa cuando uno busca la Reserva Natural Concertada Charca de Suárez, y se pierde entre altos edificios de urbanizaciones de verano; piensa en cruzar, pero no, al otro lado está la playa; y se pregunta si, tal vez, se equivocaron el conductor del autobus o los mapas.
Es en el momento en el que se descubre el cartel, el encargado abre la verja y, tras una explicación de éste, echa uno a andar, cuando mejor se comprende que la belleza es siempre mayor cuando menos se la espera.
Este espacio protegido situado en Motril está considerado como el humedal más importante de la Costa de Granada y un punto estratégico de descanso en época de migraciones para la avifauna. En él se han identificado más de 160 especies de aves, entre ellas 51 consideradas amenazadas como la espectacular garza imperial, el martinete común, la garcilla cangrejera y, atención, una de las aves que se encuentran más al borde de la extinción de todo el planeta: la focha moruna. Actualmente está tan en peligro como el lince o el águila imperial, pero incomprensiblemente es menos conocida.
Desde unas cabañas convertidas en observatorios pudimos maravillarnos y fotografiar a los anátidos (patos) que vemos en las imágenes y, esa gran garza real que con su elegancia y sigilo al atardecer nunca olvidaremos. Las zancudas como ella se alimentan principalmente de insectos, aunque también de ranas o incluso peces, que gracias a sus patas interminables y a un especial pico consiguen sin problema.
Pero la Reserva Natural Concertada Charca de Suárez no es solo el vuelo de las aves. También la sombra de los cañaverales y los carrizos, el croar de la ranita meridional o la inmovilidad pétrea de los galápagos leprosos. Es también entrar, como en una cabina de teletransporte, a una isla perdida de algún país lejano.
La pena es que el horario de visita de lunes a viernes en verano es muy corto (2h) y nos quedamos con ganas de más.
Según la Convención RAMSAR para la conservación y el uso racional de los humedales, estos "son vitales para la supervivencia humana. Son uno de los entornos más productivos del mundo, y son cunas de diversidad biológica y fuentes de agua y productividad primaria de las que innumerables especies vegetales y animales dependen para subsistir. Nos proporcionan servicios ecosistémicos como agua dulce, alimentos y materiales de construcción, y biodiversidad, hasta control de crecidas, recarga de aguas subterráneas y mitigación del cambio climático."
Una maravilla que hemos estado a punto de no conocer ya que fue el empeño de la comunidad científica y de la sociedad civil el que salvó estos terrenos de los planes del Ayuntamiento que pretendía desecarlos para construir sobre ellos. Un milagro que ahora nos toca a nosotros respetar y proteger. Una joya que, como decía Baudelaire, al igual que lo inesperado, que la sorpresa, ya forma parte de la esencia de lo bello.








viernes, 4 de agosto de 2017

Gualchos - La Rijana

Un bello pueblo blanco que se mantiene casi igual desde hace siglos, inmejorables vistas de la costa, cuestas y barrancos del mejor monte mediterráneo, una cala de aguas cristalinas de la Red Natura 2000 y hasta una torre nazarí sobre un yacimiento romano. Todo ello a escasos minutos de los cláxones y el asfalto. Es la no muy conocida ruta de Gualchos a la cala de La Rijana.
España es el país europeo con mayor biodiversidad y la provincia más biodiversa es Granada. Poco en común tienen las cumbres blancas de Sierra Nevada, los cañones y el monte mediterráneo de las Sierras Tejeda, Almijara y Alhama o los acantilados de parajes como el de Maro-Cerro Gordo o de calas que, enhorabuena a los granadinos, se han sabido conservar a lo largo de buena parte del litoral.
La ruta comienza en Gualchos. Avisar de que no hay autobus, pero que, para aquel que quiera desarrollar un turismo con menos emisiones y no llevar vehículo propio, existe un servicio de taxi desde el núcleo costero de Castell de Ferro. La belleza habita entre las sombras del viejo lavadero, en el que las mujeres se encontraban para lavar las ropas; en sus calles y callejuelas, algunas minúsculas, angostas, en las que la cal dibuja el rostro blanco de lo eterno, la madera el ocre en puertas y ventanas, las flores el colorido y los tejados nos recuerdan con su óxido rojizo que la mar y el salitre, aunque parezca lo contrario, no deben andar muy lejos.
Se sale del pueblo en dirección oeste y, nos adentraremos monte arriba por el paraje de "La Loma" hasta la subida accesible del "Pico del Águila", acompañados por especies insignia del monte mediterráneo: el tomillo, la aulaga, el romero, el esparto... Ojo, es importante que para hacer esta parte de la ruta no se den temperaturas muy altas. Si no, es recomendable seguir, con ruedas, el camino que lleva a la playa. Siempre, por favor, calzado cómodo, protección solar y mucha agua. El senderismo es salud o no es nada.
Iniciando el descenso, la costa granadina se nos presenta inmensa y el mar que arriba algo se intuía se desvela sin tapujos con toda su fuerza, con todo su azul. La cala de "La Rijana" pertenece a la Red Ecológica Europea Natura 2000 y a una "Zona de Especial Conservación". Especies de aves marinas como la gaviota patiamarilla, de invertebrados como la lapa ferruginosa y de mamíferos como los delfines, calderones y cachalotes son algunas de sus cartas de presentación.
Pasaremos por debajo de un viejo puente y la cala hará presencia con unos acantiados esculpidos por siglos de aguas y vientos y un mar cristalino que nos llamará a olvidar el sofocante calor de julio. Todo bajo la efigie de una derruida torre nazarí que, en sus tiempos, protegía una pequeña pesquería musulmana y bajo la que se encuentra un yacimiento romano.
Una joya que se encuentra en terrenos clasificados como suelo no urbanizable de especial protección por legislación específica, cosa que no cayó del cielo y que, siempre me gusta recordar, como en tantos otros lugares, ha sido el fruto de la dura lucha de biólogos y de amantes de estas tierras contra las presiones de los que defienden el mal entendido "desarrollo" a cualquier precio. Ojalá que el tan comprensible turista de buceo y el que solo busca el sol sigan las directrices de un turismo respetuoso y sostenible. La conservación de enclaves como este es diferenciación, generación de destino y valor añadido. O sea, lo que sí genera empleo estable y de calidad.

Puedes verlo en las fotos o disfrutarlo, es lo ideal, en persona.










miércoles, 2 de agosto de 2017

Un turismo con menos emisiones

Defiendo desde hace tiempo (y sé que es algo con lo que muchos no estaréis de acuerdo) que, salvo casos concretos debido a cuestiones, por ejemplo, laborales o de salud, se puede vivir perfectamente sin automóvil propio con una buena calidad de vida.
María Dolores y yo nos pasamos el año haciendo rutas por numerosos espacios naturales. Ninguno de los dos tenemos coche. Siempre hemos ajustado nuestros horarios a los del transporte público y eso nunca ha supuesto ningún problema. La supuesta falta de libertad que normalmente se argumenta como el principal inconveniente de este modo de vida no ha sido para nosotros otra cosa que una continua reestructuración de tiempos y recorridos.
En esta ocasión fue distinto. Estábamos alojados en Castell de Ferro, el núcleo costero de Gualchos, pueblo de interior que teníamos que ver y en el que comienza la ruta de la que hablaré mañana y que conecta esta villa con la fantástica cala de "La Rijana". Pues bien, ni existe bus que conecte Castell con Gualchos, ni la cala con el punto de inicio.
Solución: un taxi. Un rápido y eficiente servicio conducido por Iván Pérez (en la foto) hizo que pudiésemos disfrutar de un genial día de naturaleza, Historia, monte mediterráneo y playas naturales de ensueño.
Algunos estaréis pensando que eso es una barbaridad por el precio. No lo creo. Tal vez a corto plazo, pero al medio o al largo y siempre que no se abuse de este medio, no. Suponiendo un automóvil propio que tenga un precio de unos 10.000€, un crédito para comprarlo de 150€/mes, un seguro de 50€/mes y un coste en gasolina de 250€/mes más impuestos y reparaciones varias, el coste global es mucho más elevado que el de hacer rutas de senderismo en bus, coger un taxi de forma esporádica, alquilar un vehículo o, se me olvidaba, la bici. Repito, salvo que no haya más remedio debido a cuestiones, por ejemplo, laborales o de salud.
Por no hablar del riesgo de caer en el sedentarismo que supone el día a día (he llegado a conocer a alguno que cogía el vehículo para un trayecto de no más de 10 minutos a pie) con todos los problemas sanitarios que provoca (recientemente, la OMS ha publicado que el sedentarismo ya es el cuarto factor de riesgo de las enfermedades no transmisibles y está relacionado con el 6% de las muertes mundiales). Stress al aparcar, atascos...
Y, nuestra mayor amenaza como especie, no lo olvidemos, es el cambio climático. Según un estudio del Centro Nacional para la Investigación Científica de Francia, publicado en Science, en 2090 el desierto se habrá comido la mitad de la Península Ibérica (de Alicante a Lisboa). El automóvil es, hay que recordarlo, una de las principales fuentes de emisiones de CO2.
¿Por qué entonces, siendo más caro, provocando problemas a la salud y a nuestro medio ambiente, y pudiendo usarse otros medios, tantas personas tienen coche propio? Es cuestión de hábitos, creo yo, y de creencias. Yo me los cuestioné. Y, por si sirve, vivo de maravilla.
¡Mañana, la ruta!



martes, 1 de agosto de 2017

Gualchos. La forja de un carácter. II

Pocos lugares habré visitado que permanezcan tan fieles a lo que fueron en el pasado. En 1802, una España que se abría lentamente paso a la modernidad, estaba a punto de ser golpeada por el terror de las tropas de Napoleón. Y uno se imagina Gualchos, y uno se imagina todos los Gualchos, como un lento transcurrir de los días, todos igual de lentos, todos igual de idénticos, ajenos al vértigo de la corte y de la política.
Al beber de su fuente, la de los once caños, la de la mina que abastecía de agua a la población desde lo más alto. "Once susurros de vida. Once chorros de esperanza. Once gritos de alegría." canta, optimista, un poema impreso en mármol junto a ella.
Al descubrir el silencio entre las sombras del viejo lavadero. Donde si permanece así minutos, quizá segundos, podrá captar el caminar, el trasiego de aquellas mujeres que se encontraban para lavar las ropas, tras subir cargadas pendientes inmensas que luego debían bajar. Cuántas multitudes pueden habitar un silencio.
Y recorrer sus calles y callejuelas, algunas minúsculas, angostas, en las que la cal dibuja el rostro blanco de lo eterno, la madera el ocre en puertas y ventanas, las flores el colorido y los tejados nos recuerdan con su óxido rojizo que la mar y el salitre, aunque parezca lo contrario, no deben andar muy lejos. Sus empinadísimas rampas, su empedrado en lugar de asfalto, burros bebiendo de fuentes, su iglesia mudejar o la mole a lo lejos del Pico del Águila siguen igual que entonces, igual que hace siglos. Tan solo algún vehículo nos recuerda que pertenecemos, inexorablemente, al tiempo que nos toca.
Porque al enfrentarse a todo eso uno se acuerda de la frase de Nietzsche, de que sólo comprendemos aquellas preguntas que podemos responder. Y comprende mejor a Florentina Martínez, a la persona, al personaje. Entiende uno su dureza labrada a golpe de repechos bajo el sol asfixiante de julio, su resistencia en esta tierra seca, bella tal vez a nuestros ojos, pero inhóspita, imagino, para muchos de los que, hace doscientos años, tuvieran que trabajarla. Y piensa que se equivocan los del "lo pasado, pasado", los del "miremos al futuro" porque el futuro es un fantasma, una entelequia, puro humo que se escapa de nuestras manos sin aquellos que sí lucharon por construir uno.
Quedan preguntas por responder: ¿A qué edad cambió esta isla en medio de los montes por el bullicio del puerto de Málaga? ¿Cómo reaccionó ante lo que para nosotros sería algo similar al encuentro con una civilización extraterrestre? ¿De qué forma conoció al marino alicantino? Quizá no conozcamos nunca las respuestas, quizá nos esperen ocultas en el próximo repecho, en la próxima curva, en el próximo viaje.






lunes, 31 de julio de 2017

Gualchos. La forja de un carácter. I

Dijo Nietzsche que sólo comprendemos aquellas preguntas que podemos responder, quizá por eso decidí ir a Gualchos, el pueblo natal de la madre de mi tatarabuelo.
Crecí observando su retrato y prestando atención a las historias sobre ella que se contaban en mi familia, todas aludían a su temperamento, a su fuerte carácter, a la autoridad ejercida sobre los suyos. Pero pronto intuí que había algo más, oculto tras las sombras oscuras que inundan su pintura. Porque allá dónde otras personas advertían dureza, yo jugaba a adivinar cicatrices; donde muchos notaban genio, yo percibía algunos ecos de un mundo al derrumbarse; donde otros veían pasado, yo veía futuro. Y me sumergí en libros, legajos, retazos confusos de letras ilegibles.
Dª Florentina Martínez nació en este pueblo de la alpujarra granadina en el año de 1802. Se casó con D. Francisco Jaén Maza, natural de Alicante, uno de los pioneros (emprendedores les llamamos ahora) que hizo posible que el Puerto de Málaga fuera, a mediados del siglo XIX, el segundo puerto en importancia de España, solo por detrás del de Barcelona. Vinos, pasas, higos, almendras, uvas, aceite o plomo eran los principales artículos del comercio con las antiguas colonias de ultramar, EEUU y Europa. Los comerciantes marítimos promovieron incluso sociedades de seguros para productos y barcos del tráfico transoceánico.
Pero la temprana muerte de Jaén Maza en 1852 hace que, cosa inusual en una mujer de la época, tuviera que llevar las riendas de la familia con seis hijos marinos o vinculados al mar de los que nos han llegado cartas desde puertos como el de Nueva York o La Habana. Fueron los años terribles, además, de la crisis en las industrias siderúrgica y textil y de la plaga de la filoxera en los viñedos.
Italo Calvino afirmó que la Historia no es otra cosa que una infinita catástrofe de la cual intentamos salir lo mejor posible. Puede que no siempre, pero así lo entendí cuando, documentándome para escribir una novela, encontré la marca muda de la muerte como un golpe certero en forma de caída de la población, familia a familia, en padrones de esa época.
Ya solo me quedaba viajar hasta su origen para saber más de la persona. Y del personaje.
CONTINUARÁ



miércoles, 19 de julio de 2017

Phronima: el octavo pasajero

Dijo Chagall que el arte empieza donde termina la naturaleza. Eso lo han entendido desde siempre los creadores de esos mundos que tanto nos fascinan. Las criaturas fantásticas que forman parte de películas como Star Wars nos parecen de universos lejanos, pero en realidad están tan cerca de nosotros como el propio mar. Es el caso del espeluznante alienígena de "ALIEN. EL OCTAVO PASAJERO".
Se dice que sus creadores pudieron inspirarse en Phronima sedentaria, un diminuto crustáceo que forma parte del plancton. Traslúcidos, habitantes del mar profundo, de la noche eterna de oscuridad y agua, incluso a veces de la llamada zona hadal en honor al dios del inframundo, usan frecuentemente sálpidos muertos (organismos gelatinosos con forma de barril) como refugio, lo que les proporciona una imagen aún más alucinante.
Seres microscópicos, los del plancton, cuyo número se pierde en la incontabilidad de los trillones, que eliminan el CO2 de las capas superficiales del océano. Seres imprescindibles en el ultimatum climático devastador y absurdo al que hemos sometido a nuestro maltrecho planeta. Seres, parafraseando a Whitman, que no son menos que el camino que recorren las estrellas.
No lo olvidemos, cuando nos produzcan terror, diversión, asombro, tras una pantalla, es porque alguien fue capaz de poner lo desconocido en el lugar poético que le corresponde. Acordémonos de Chagall, de la profundidad oceánica, del cambio climático y devolvamos a estas criaturas, con nuestra atención y compromiso, con hábitos de cuidado y respeto al medio en el que viven, todos los buenos momentos que nos da ese arte que empieza donde termina la naturaleza.

viernes, 7 de abril de 2017

Un cuadro muy útil en estas fechas, el que nos traen los compañeros de SEO/BirdLife