viernes, 7 de abril de 2017

Un cuadro muy útil en estas fechas, el que nos traen los compañeros de SEO/BirdLife

jueves, 16 de febrero de 2017

Sin bolsa, por favor

Esta sensacional fotografía del tinerfeño Francis Pérez ha ganado el premio World Press Photo en la categoría de Naturaleza. En ella vemos como una tortuga boba (Caretta caretta) lucha por la supervivencia intentando avanzar atrapada en una red de pesca.
A raíz de la imagen, algunas voces en las redes están clamando contra los pescadores y "la pesca" como si fueran los principales causantes del terrible impacto de los residuos en el océano. Y no puedo estar más en desacuerdo. De este gran problema somos responsables TODOS, en mayor o menor medida. Y también todos tenemos en nuestras manos gran parte de las soluciones.
En 2050 habrá en el océano más toneladas de plástico que de peces, según una proyección de la Fundación Ellen MacArthur. Cada año entran al mar unos ocho millones de toneladas, según un estudio publicado en Science en 2015. Sin ir más lejos, hace poco fue hallada muerta, en Holanda, una ballena con 20 Kg de plásticos en el estómago. Son cifras que no serían posibles si el problema no fuese global, de modo de vida, de hábitos.
Además, científicos del Instituto Español de Oceanografía están alertando de que los plásticos en el mar son colonizados por diversos organismos que, como polizones, pueden viajar largas distancias gracias a las corrientes marinas, doblando o triplicando la posibilidad de propagación de estos organismos con el riesgo que implica de infecciones o invasiones biológicas.
El plástico puede durar desde decenas a cientos de años causando daños que probablemente aún desconozcamos. Pero hay mucho de lo que se puede hacer que está en nuestras manos. No es una cuestión de pescadores, debe ser un compromiso de TODOS. (Y hay que decir que, muchas veces, son los propios pescadores los que salvan las vidas a tortugas o delfines alertando a los servicios de recuperación de fauna como nos han contado tantas veces los compañeros del Aula del Mar de Málaga.)
Usemos menos plásticos y los que tengamos a reutilzarlos o al contenedor amarillo. Huyamos de productos cuyos envases parecen no acabar nunca. Tenemos aún mucho que aprender y que comunicar. En algunos establecimientos aún veo caras raras cuando les digo que no quiero bolsa. Yo llevo siempre una multiusos conmigo.
Nuestro modo de vida no puede condenar a tantas maravillas de especies y ecosistemas que son nuestro tesoro más valioso.
Así que, por nuestros mares, aprendamos a decir: "SIN BOLSA, POR FAVOR."


lunes, 19 de diciembre de 2016

Amigos, familiares, lectores. Un año más, mis mejores deseos. Y sobre todo, GRACIAS por estar ahí.
Continuamos leyéndonos. 
Besos y abrazos a todos.



domingo, 27 de noviembre de 2016

Liquen

Siempre me han parecido fascinantes los líquenes, con sus ráfagas de color cubriendo el lienzo seco de las cortezas, génesis de una segunda piel. Como pintores de la naturaleza, como geniales grafiteros que tiñen de arte los grises muros que habitan las ciudades.
Normalmente se les asocia con lugares umbríos, cubiertos de lluvia y sombras, con las bellas y húmedas tierras del norte de España, con recónditos bosques. Pero resulta que podemos encontrarlos en los montes de Colmenar, a poco menos de 30 km de la ciudad de Málaga.
Dijo Cortazar, que la felicidad para él tenía un aire como de unicornio o isla, de caída interminable en la inamovilidad. Y yo podría pasarme horas contemplando inmóvil semejantes unicornios. Y sería completamente feliz. Los líquenes están formados por la unión simbiótica entre un alga y un hongo, en uno de esos malabares con los que la evolución deslumbra el corazón de los hombres, en una pirueta acrobática directa al talón de aquiles de lo lógico y de lo previsible. El alga pone la energía fruto de la fotosíntesis, mientras que el hongo cumple su parte del trato añadiendo agua y minerales. Ocurrió hace millones de años y hoy, su éxito (habitan desde regiones polares hasta trópicos y desiertos), nos da una lección de valor incalculable sobre el poder de la colaboración y las sinergias.
El que vemos en la foto, vistiendo almendros y otros árboles en la "ruta de La Molina" de Colmenar, es Xanthoria parietina. Se caracteriza por soportar condiciones de sol prolongado y ausencia de lluvia, lo que lo hace el superviviente ideal de entre los líquenes en nuestros campos secos y agrestes de Andalucía.
Acabamos de decir, recordando los libros de Ciencias Naturales que muchos estudiamos, que el liquen es el resultado de la unión entre un alga y un hongo. Pero la ciencia avanza y los libros de Ciencias Naturales, o como se llamen ahora, envejecen. Y es que hace tan solo unos meses, ha sido descubierto un tercer miembro del consorcio, una levadura, oculta hasta ahora para los ojos de generaciones de biólogos. El investigador Toby Spribille y sus compañeros de las universidades de Montana (Suecia), Graz (Austria), Purdue (Estados Unidos) y el Instituto Canadiense de Investigación Avanzada de Toronto se han llevado la portada de la prestigiosa revista Science por ello.
No debemos mirarlos con recelo, al revés. Son bioindicadores, lo que quiere decir que los lugares que habitan se caracterizan por un buen estado ambiental, por una buena calidad del aire. No son signos de enfermedad, sino de salud, y debemos de conservarlos como a cualquier otro integrante de los ecosistemas.
Por todas estas razones, porque la felicidad tiene, según Cortázar, un aire de unicornio o isla, yo quiero ser feliz contemplando un liquen, yo quiero sentirme liquen.


domingo, 20 de noviembre de 2016

La Molina (Colmenar)

Cuando llegamos a Colmenar dispuestos a hacer la ruta (una de las señalizadas recientemente y que podemos encontrar en la web del municipio) nos dijeron que en esos caminos poco había que ver. Pero como dijo Saint-Exupery, lo esencial es invisible a los ojos. Y a eso nos dispusimos, a desentrañar invisibilidades.
Colmenar, a poco menos de 30 km de la ciudad de Málaga, es vía de entrada y escaparate de los valores de la Axarquía. Olivos centenarios, cortijos antiquísimos, algunos abandonados y otros aún con actividad, y plantaciones inacabables, forman junto a una naturaleza oculta pero fascinante, las señas de identidad del recorrido. La ruta comienza justo detrás de la ermita si llegas desde el pueblo, en el carril izquierdo teniendo ésta a la espalda. No está muy claro, por eso le tuvimos que preguntar a un par de agentes de policía que nos atendieron amablemente.
El tajo del hornillo, Sierra Prieta, Hundidero son un impresionante telón de fondo axárquico durante el camino. Un monolito (sobre el que aparezco sentado en la fotografía) nos avisa de la cercanía del Cortijo de la Molina, casa de labranza del siglo XVIII, que da nombre a la ruta y que, habiendo sido restaurada recientemente, hará nuestras delicias con su era intacta (redondel adoquinado con piedras en el que muchas veces con la ayuda de los animales de carga se realizaba la trilla, es decir, se separaba el trigo y la cebada de la paja).
Normalmente asociamos los líquenes con lugares umbríos, cubiertos de lluvia y sombras, con las bellas y húmedas tierras del norte de España, con recónditos bosques. Pero el que vemos en la foto, vistiendo almendros y otros árboles, es Xanthoria parietina, que se caracteriza por soportar condiciones de sol prolongado y ausencia de lluvia. Son bioindicadores, lo que quiere decir que los lugares que habitan cuentan con un buen estado ambiental, con una buena calidad del aire.
La lagartija colilarga (Psammodromus algirus) es un reptil clásico del monte mediterráneo, de las zonas de matorral y de los campos de cultivo. Se alimenta principalmente de insectos que captura con facilidad gracias a su agilidad de movimientos y a su capacidad para mimetizarse con el rocoso entorno y la hojarasca.
Puede que una de sus presas sea el chinche de la malva arbórea (Pyrrhocoris apterus), también conocido como zapatero o San Antonio. Es nada más y nada menos que un depredador natural de la euzophera, el abichado del olivo, un lepidóptero que excava galerías en la madera, pudiendo provocar el secado e incluso la muerte de tan importante árbol para nuestra economía. Insecto entonces de gran importancia igual que de gran belleza. Como de gran belleza es también esta vanesa de los cardos (Vanessa cardui), una de las mariposas de mayor distribución geográfica, encontrándose en todos los continentes menos en la Antártida. Por no hablar del canto de una sugerente avifauna.
Otros cortijos como el de Napolín nos hablarán de un pasado no tan lejano, el de la cría del ganado. La antigua cañada real "Alhama-Antequera" lo hará de unos tiempos en los que estos campos eran camino obligatorio para la transhumancia entre las provincias de Málaga a Granada.
Cortijos históricos, líquenes bioindicadores, insectos que luchan contra plagas, mariposas que han colonizado casi todo el planeta. Nos dijeron que había poco que ver, pero sabíamos que, como dijo Saint-Exupery, lo esencial es invisible a los ojos. Y nos dispusimos a desentrañar invisibilidades.








lunes, 19 de septiembre de 2016

El último cazador

"Las personas no deberíamos nunca perder el contacto con la naturaleza."
"Si el ser humano quiere sobrevivir tendrá que aprender a vivir con la naturaleza, no contra ella."
"Yo no creo que ninguna especie sea especialmente nociva para la naturaleza. El hombre tiene un papel que jugar.También ayudamos a mantener el equilibrio del ecosistema, siempre y cuando solo tomemos lo que necesitamos."

Son algunas de las frases que aparecen en 
"El último cazador" (Vanier, N. 2005), una de las películas de mayor belleza que he visto en mucho tiempo. 


La ficción nos cuenta la vida de Norman, un trampero que sigue viviendo, igual que se hace desde hace siglos, en armonía con la naturaleza. Junto a Kebaska, una india Nehanni, y sus perros vamos siendo partícipes de la lucha diaria por la supervivencia en un entorno cada vez más amenazado por industrias como la maderera.


Los espectaculares paisajes nevados del Cánada, como sacados de una novela de Jack London; los comentarios del protagonista en off, de gran interés ecológico; la ausencia de tramposos efectos especiales; los minutos y minutos de silencio, solo alterado por sonidos de la naturaleza; la visión bella y a la vez cruda de esta, sin edulcorantes; la emotividad, sin necesidad de efectistas giros en la trama. Estas son algunas de las características que más me han llamado la atención del filme.
Así lo definía el director: "Norman nos invita a un mundo aparte donde las brisas gélidas soplan con más fuerza que las palabras."


Una pequeña joya para deleitarse y huir de la impostura y la estridencia del cine comercial que nos venden con calzador hoy en día.


¡Ah, lo olvidaba: una gran BSO en la que aparece el gran Leonard Cohen!


Repito: de lo mejorcito que he visto en mucho tiempo. 




Historia en Almuñécar

Como dijo Lamartine, la casualidad nos da aquello que nunca se nos hubiera ocurrido pedir. Cuando dejamos La Herradura y llegamos a Almuñécar no sabíamos muy bien qué hacíamos allí, pues aquel no era el tipo de lugar que buscábamos. Pero, ni en nuestros deseos más optimistas se nos hubiera ocurrido pedir, en Almuñécar, un entramado urbano histórico adosado a las murallas de un castillo como el que existió hasta no hace muchas décadas en Málaga o Granada.
Y es que siempre me han parecido fascinantes las fotografías de la Alcazaba malagueña habitada. Casas en su mayoría de una sola planta, de paredes encaladas, calles de trazado laberíntico emulando su origen musulmán, gentes humildes, pobreza, abandono, pena. Aquello tuvo su origen en la pérdida de la función militar de la fortaleza por parte de Carlos III en 1786, lo que atrajo a ella a personas de pobre condición social conformándose todo un barrio. Algo similar ocurrió en La Alhambra, la que descubrieron los románticos, la de los cuentos de Washinton Irving, la de posteriormente Gerlad Brenan.
En Málaga, fue sobre todo D. Juan Temboury el que inició la demolición de todas aquellas viviendas, algo necesario para que pudiera reconstruirse La Alcazaba tal y como hoy la conocemos. Pero uno siempre ha creído que la Historia no debe hacer distinciones y que forman parte de ella tanto los califas que la habitaron como palacio en sus inicios como los gitanos que malvivían en sus muros en esos años. Como también, con lógica, que ya no iba a presenciar nada de eso, que nunca podría sentir lo que sintieron Irving o Brenan. Y llega a Almuñécar y se le rompen a uno los esquemas. El turista estaba fuera, en la playa, en el sopor de las hamacas y los calores, en la música estridente del chiringuito, en la lenta atonía de las multitudes. Nosotros preferimos adentrarnos y viajar al pasado unas cuentas décadas. Un trayecto para el que nadie nos pidió ticket.
Y hablamos con algunas mujeres gitanas que allí aún habitan, que nos miraron, al principio, con extrañeza. Y nos perdimos en su laberinto. Y contemplamos la sencillez de sus viviendas, algunas en ruinas, otras con la dignidad que da el cuidado de lo que se ama.
Una maravilla que deberían mimar y conservar en Almuñécar. Tienen algo excepcional y tengo la sensación de que no lo ven, cegados por arena de playa. Una empleada del castillo nos dijo, sin ir más lejos, que allí no había nada "histórico". Una pena.
Un improvisado túnel del tiempo en forma de estrecha callejuela nos llevó de nuevo al siglo XXI, a la bulliciosa plaza del Ayuntamiento en la que la gente seguía su transitar, su prisa, su rutina, como si no hubiera ocurrido nada. Para nosotros habían pasado décadas, tal vez siglos, fruto de una casualidad que nunca se nos hubiera ocurrido pedir.