martes, 26 de febrero de 2013

El armador aquel...



Llevaba un tiempo rondando mi cabeza la idea de hacer un blog de opinión de asuntos relacionados con la naturaleza y el medio ambiente.  Facebook me parece un medio atractivo pero sumamente áspero a la hora de desarrollar un argumento minimamente trabajado,  otros como Twiter me parecen la culminación del lenguaje trogloditesco contra el que pocas razones caben para algunos. O también es verdad que uno carece de esa virtud que se llama capacidad de síntesis, como bien saben aquellos que me conocen , y mi crítica no deja de ser el pataleo de un animal incómodo. Puede ser.

La cosa es que estoy aquí, con este proyecto al que he llamado “El armador de casas rústicas”. ¿Por qué? Hace poco más de un año tuve el privilegio de asistir al acto organizado por el Excelentísimo Ayuntamiento de Salamanca en conmemoración del 75º aniversario de la muerte de D. Miguel de Unamuno. A mi regreso a Málaga, aún cautivado por aquella ciudad y por sus gentes escribí un artículo que podéis leer aquí. En él mostré mi reconocimiento hacia la figura del catedrático de griego y defendí sus principios como imprescindibles para la sociedad actual: independencia, honestidad, libertad, espíritu crítico, compromiso…En fin, casi nada.

¿Por qué “El armador”? Es uno de los poemas que más me gustan. Muchos no saben que además de uno de los mejores novelistas o ensayistas de lengua en castellano de todos los tiempos, el bilbaíno fue además un gran poeta. Poco después de aquel viaje disfruté como un enano con una conferencia de D. Andrés Trapiello. El escritor nos hizo un regalo de reyes que al menos a mí me mantuvo varios días en una nube: un par de poemas recitados en la voz de D. Miguel, que podeis escuchar aquí. “El armador aquel de casas rústicas” es un poema de gran calado desde un punto de vista trascendental, a nadie se le escapa, pero a mí aparte me transmite una gran serenidad, calma, grandeza, paz. Flotando en las aguas, flotando en las aguas…

Porque es ese el espíritu que deseo tenga este pequeño rincón en el que quiero sentirme cómodo hablando de esas cosas que tanto nos interesan y quiero también que se sienta cómodo para hablar y enriquecer todo aquel que entre en él. Porque me tiene sumamente cansado el estado de cabreo colectivo que nos atenaza desde hace unos años, aunque esté plenamente justificado por muchas de las cosas que estamos viviendo y yo, lo reconozco, caiga en él de vez en cuando  como todo hijo de vecino. Más bien lo que me cansa es el cabreo como rutina hueca, la caza del chivo expiatorio, el diálogo de besugos. Cómo si estos contra los que desatamos nuestra ira, los políticos, hubiesen aparecido mediante generación espontánea o a través de algún sigiloso golpe de estado. No, aunque parezca mentira, estos ahora tan odiados han sido votados una y otra vez por muchos que de manera acrítica miraban hacia otro lado o nos reprendían a aquellos que abogábamos por una mayor carga reflexiva del voto. Realmente poco vamos a poder conseguir si no somos capaces de exigirnos a nosotros mismos un mínimo sentido del espíritu crítico y de la responsabilidad.

Y creo que, sin embargo, hay y ha habido siempre mucha gente aportando realmente valor  y dejando entrever sus principios día a día desde mucho antes de que se empezara a hablar en estos términos o de que la indignación fuera el chamuscado pan nuestro de cada día. Por mi profesión he conocido a muchos de ellos en el área de la conservación de la naturaleza y el medio ambiente, aunque quiero recalcar que en contra del negativismo rampante, gente así te la puedes encontrar en más sitios del que puede uno imaginarse. Creo que además, puede que sea por deformación profesional pero lo veo así, este mundo da muchas pistas sobre cual es el mapa de valores en el que nos movemos. Hace no tanto tiempo, en el boom de la construcción y del dinero fácil algunos se burlaban acerca de conservar no se qué paraje pudiendo dar algún otro pelotazo urbanístico. O hacían lo propio con los tan necesarios y cívicos hábitos de reciclaje o con la situación problemática de alguna especie en medio de la maraña de intereses humanos.  Otros, los menos, hacíamos de sufridas Casandras e intuíamos que algo no iba a salir bien. Los temas medio ambientales eran el espejo en el que quedaban retratados algunos que en otros asuntos eran tenidos por buenos ciudadanos y sin el cual hubiese sido más difícil conocer su posición en el mundo. Después vino lo que vino y algunos seguimos aquí con ese acto tan incendiario que es pedir responsabilidad y espíritu crítico a ti, a uno mismo, al político, a todos. Eso sí, flotando en las aguas, flotando en las aguas.