lunes, 28 de octubre de 2013

"Málaga al día", premio Épsilon al mejor medio de comunicación.

El pasado jueves 24 de Octubre tuve el placer de asistir a la gala de entrega de los premios Épsilon por parte de la Federación Andaluza de Asociaciones "Central Ciudadana" en Málaga. Lo hice para arropar a los compañeros de "Málaga al día", programa de Onda Azul Radio en el que colaboro todos los miércoles a las 11:20 en el 97.4 FM, que fueron galardonados con el premio al mejor medio de comunicación.

Los Premios Épsilon son una iniciativa de Central Ciudadana que reconoce la labor desempeñada, en varias categorías, a favor del asociacionismo y del movimiento participativo.

Tras la intervención del Cuarteto de Cuerda de la Asociación Con Brio-Música que interpretó un Cuarteto de Haydn, tuvo lugar la entrega de premios. Además del programa capitaneado por Celia Bermejo y Antonio Ismael, también resultaron premiados Pedro Moreno Brenes, la ONG Madre Coraje y la empresa Heineken.

Desde aquí les doy mi más sincera enhorabuena. Son grandes profesionales, pero sobre todo grandes personas. Y se nota. Una forma de hacer radio que apuesta por contenidos de calidad, cercanos al ciudadano y que defiende valores tan necesarios para la sociedad como la conservación de la naturaleza y de nuestro Medio Ambiente.

¡¡Felicidades!! 




lunes, 21 de octubre de 2013

Bosques marinos: guarderías de la biodiversidad.



Del 9 al 10 de octubre, tuvimos la oportunidad de asistir en Málaga a las II Jornadas Técnicas sobre Praderas marinas organizadas por la UICN en las que más de 100 participantes, entre científicos, gestores y representantes municipales, debatieron sobre el estado de conservación, puesta en valor y gestión de las praderas marinas en el litoral español y en el Mediterráneo. Esta acción se encontraba dentro de las actividades del proyecto europeo LIFE+POSIDONIA Andalucía.

Lo comentaba en el pasado programa de Málaga al Día, de Onda Azul RTV Málaga, el nivel demostrado por los ponentes me ha parecido excelente, incluso intervenciones de simples asistentes han tenido gran calidad. A tantos que lo ven todo negativo les hubiera venido bien un paseo por las instalaciones del Edificio de Estudios Portuarios para conocer de primera mano la categoría de muchos de nuestros investigadores, que han sobrevivido además a todo tipo de recortes y obstáculos en estos últimos años. El problema, quizás, es que algunos tenían que resumir auténticas tesis doctorales en 20 minutos.

Tengo que decir que yo he estado durante las jornadas tomando notas y me he quedado con frases que me han encantado:

La primera “Las praderas marinas son las guarderías de la biodiversidad”. No se podría definir mejor pues muchas especies de las que depende nuestra pesca ponen sus huevos como por ejemplo la jibia. Viven en ellas gran número de especies de peces, pulpos, equinodermos, moluscos… Recordemos que las praderas de las que hablamos, como las de Posidonia oceánica, Cymodocea nodosa o Zostera nolti, no son algas sino plantas. Las algas tienen una constitución muy sencilla y primitiva, mientras que las plantas marinas son organismos mucho más complejos y evolucionados, con raíz, tallo, etc.

Otra intervención daba en el clavo: “Deberíamos llamarlas, no praderas sino bosques”, pues cumplen la misma función que tiene un bosque, es un hábitat ecológicamente estructurado, sin el que no podría darse la cadena alimenticia, sin el que no podrían vivir gran cantidad de especies y que además nos proporciona multitud de beneficios:  suministra O2, secuestra CO2, evita la erosión, la acidificación. Otro ponente ponía las cosas en su lugar: “No hay praderas porque las playas sean buenas. Las playas  son buenas porque hay praderas”. Son por lo tanto indicadores de calidad de nuestras aguas y nos dan una playa limpia con agua cristalina.

Durante las jornadas se han dado a conocer diversos avances de estudios que profundizan sobre el conocimiento de los bosques marinos. Los más importantes:

-Núria Marbà del Institut Mediterrani d'Estudis Avançats (IMEDEA, CSIC-UIB) presentó unos resultados que indican que durante los últimos 60 años se ha producido una pérdida neta de los ecosistemas de Posidonia oceanica en la cuenca Mediterránea entre un 13% y un 38% debido a impactos humanos locales ocurridos en la cuenca.

-Eso sí, se ha apreciado un cambio de tendencia. Hasta principios de este siglo la destrucción se aceleraba, mientras que ahora se está ralentizando.

- Miguel Ángel Mateo del Centro de Estudios Avanzados de Blanes (CSIC) demostró que los ecosistemas de Posidonia oceánica contienen paleo-registros que nos permiten reconstruir las condiciones ambientales y climáticas que se daban hace miles de años.

-Se presentaron los estudios sobre el valor pesquero de los sebadales en Canarias, los cuales indican que son lugar de puesta y cría de 433 especies, 18 de interés pesquero, estimando el precio como recurso pesquero en 360.000 euros al año.

-También se señaló que el cambio climático afectará a las praderas de fanerógamas marinas, no sólo debido a los cambios en la temperatura o el nivel del mar, sino también al aumento del número e intensidad de las tormentas, lo que provocará un incremento de los procesos de erosión y sedimentación.

-Se trató el tema de los arribazones. Se necesitan guías de buenas prácticas a nivel europeo, se concluyó, para orientar a los municipios hacia una buena gestión de los arribazones, evitando la erosión que provoca la extracción y aportando otros usos para esta hojarasca como el uso de materia prima para composta, textiles etc.

-Cómo no, se puso en valor la experiencia en voluntariado que se lleva realizando dentro del proyecto LIFE y sin los que hubiera sido imposible la labor de seguimiento de estos ecosistemas.

-Se vieron temas de Evaluación de impactos saliendo el ya clásico debate sobre las prospecciones de hidrocarburos previstas cerca del LIC de Calahonda (Mijas).

-Finalmente, durante las jornadas se realizó una presentación sobre el avance del futuro Atlas de Español de praderas marinas que se publicará a finales de año y que permitirá tener por primera vez una radiografía completa del estado conservación de los bosques marinos.

Y me dejo mucho más en el tintero, seguro. Como conclusión me quedaría con que, después de conocer los datos negativos de las últimas décadas y por supuesto los referentes a su incalculable valor, aún estamos a tiempo de conservar este gran tesoro. ¿Cómo? Actuando claramente contra los impactos que las amenazan:  la pesca ilegal de arrastre, los dragados ilegales,  los vertidos de aguas residuales de poblaciones costeras, los desechos provenientes de la acuicultura, la excesiva presión urbanística sobre el litoral, las algas invasoras, el fondeo inadecuado…

Tenemos identificadas sus amenazas, sabemos el enorme valor que nos aportan (incluso se ha monetizado, ojo), conocemos la catástrofe que sería perderlas, las tendremos dentro de muy poco localizadas en un Atlas. Ya no tenemos excusas, lo tenemos todo para conservarlas.


PD: El que quiera saber más de praderas aquí tiene esta web www.lifeposidoniandalucia.es

Fotografía perteneciente al Programa de Gestión Sostenible del Medio Marino. Consejería de Medio Ambiente, Junta de Andalucía.

lunes, 7 de octubre de 2013

El Río de la Miel (Algeciras)


¿Qué pensaríamos si nos hablan de zonas de vegetación que han permanecido intactas desde el Terciario? ¿De bosques de galería húmedos y umbríos que han desaparecido de la práctica totalidad del continente europeo? ¿De gargantas angostas en las que sorprendernos con un paraíso de musgos, líquenes, helechos y arbustos relictos como el Rododendro? Seguramente la imaginación del lector volaría rápido hacia los bosques de regiones tropicales, a las grandes selvas, quizás, lejanas e inexploradas por el hombre blanco.

Pues no, todas esas maravillas están tan cerca de nuestra civilización que desde la localidad de Algeciras apenas 20 minutos en bus (sigamos desmontando el mito de que para ir al campo, para ver campo, hacen falta enormes vehículos 4x4) nos separan de ellas. Son sólo algunos de los elementos de la naturaleza que podemos disfrutar en el Parque Natural de los Alcornocales y más concretamente en la Ruta del Río de la Miel.

Tenemos que empezar en la Barriada del Cobre (Nos bajaremos del bus una vez pasemos justo al lado de fantástico y sorprendentemente desconocido acueducto algecireño  de Los Arcos, del S XVIII). Continuaremos atravesando una cancela que sólo permite el paso peatonal que nos permitirá acceder a un camino de grandes cortijos y huertos , con la presencia de algunas vacas, en el que el sol nos hará mella y nos obligará a protegernos debidamente. 



Comenzaremos a ver alcornoques. Los troncos de muchos de ellos, algunos centenarios, nos hablarán de la pela, actividad tradicional donde las haya que lleva realizándose en la zona desde hace generaciones, para la extracción del corcho. No viven mal no, las vacas que nos han saludado en el comienzo.




Los acompañan clásicos de nuestra flora de matorral mediterráneo como la aulaga, la zarza, el lentisco  o el palmito (única palmera autóctona del mediterráneo).



La instalación de un viejo molino, el de la Escalona, uno de los pocos que siguen en activo en el parque, será el verdadero pistoletazo de salida que nos sumergirá, tras la solana, en un mundo completamente distinto, el de la frescura y la sombre, el de la ribera del río. Tan sólo llevaremos un camino cuando nos sorprenderá un verdadero viaje en el tiempo. Allí permanece, cada vez más oculto por la vegetación, imponente pero devorado por el paisaje al igual que ocurre con algunas construcciones de civilizaciones olvidadas, un puente de piedra.
De vital importancia ha sido testigo silencioso de toda una época y nos habla de un pasado de caminantes y caballerías que desde la bahía de Algeciras se dirigían a la de Cádiz o a Medina Sidonia, de bandoleros que tenían en la oscuridad del bosque su coartada, su guarida.



Tras él un espacio en el que el protagonista es un árbol propio de los países nórdicos, de las islas británicas, de Centroeuropa: El Aliso. Lo escoltan laureles, fresnos, avellanillos, acebos... El bosque de galería que forma este habitante de la umbría es sencillamente espectacular.





Siempre me ha parecido interesantísimo comprobar como la vegetación, o más bien sus cambios, nos va avisando de la que se avecina. No fallan nunca en su papel de voceros del paisaje, los bioindicadores. Si durante el trayecto de solana veíamos tierras secas, herbáceas ya amarillentas por el número alto de horas de sol, a medida que nos acercábamos al río comenzábamos a ver helechos al principio de un pequeño tamaño.



Eran la avanzadilla, la infantería que da paso a lo que viene después. Los que nos anuncia la que se avecina.



Así es, un primer amago de canuto que nos devuelve de golpe al Terciario, a ese período de la Tierra de hace 65 millones de años con condiciones de vida tropicales, con unas altas temperaturas y humedad aún más constante y elevada.  Unos helechos de porte  gigantesco que pueden llegar a alcanzar los 2 m de altura, que podrían hasta asustarnos si no quedásemos nada más al verlos prendados de su belleza. En el Parque Natural de los alcornocales existen hasta nueve especies relictas y endémicas. Por no hablar de los líquenes , organismos que, como sabemos, surgen de la simbiosis entre un hongo y un alga o cianobacteria.



La fuente de la niña (de agua no clorada) es una gran ocasión para contemplar especies de helechos de pequeñísimo tamaño no vistas hasta el momento.



El molino del Águila en su ruina, en su decadencia, nos habla también como tras un pasado de esplendor ahora casi es absorbido, engullido, devorado y sirve como lienzo a la mejor de las artistas: la naturaleza.




Porque a veces no es necesaria la mano del hombre para convertir la piedra en arte. Nos lo dicen grandes parajes como el torcal de Antequera y también, como poca gente sabe, este sendero. ¿La isla de pascua? ¿Civilizaciones extrañas? Naturaleza, arte y magia.



Y parecerán no tener fin las maravillas que con la música de fondo del agua nos va mostrando el río en su transcurrir.


Una flora riquísima y también fauna. Anfibios como el sapo común, toda clase de insectos como libélulas, caballitos del diablo y gran variedad de lepidópteros y muchas más sorpresas que harán las delicias del naturalista.





Una serie de pozas nos conducirá a una final que adornada por una gran cascada nos invitará a estar allí un rato, todo el tiempo posible, todo el tiempo del mundo, ojalá. Nos esperará después el camino de vuelta, el mismo camino de vuelta. También habrá fauna que nos avisará de que termina el camino de umbría, aunque si estamos concluyendo la ruta caída ya la tarde, no nos tratará el mismo sol de justicia.



Es en definitiva una ruta fácil, recomendable para toda la familia, de aproximadamente 3 h ida y vuelta, con sombra abundante, e imprescindible para comprender por qué Andalucía es una de las regiones con mayor biodiversidad de Europa

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