miércoles, 2 de septiembre de 2015

Isla de Tenerife II. Aloe arborescens.


“Con gran asombro descubrió que el césped tenía 7 metros de altura y cuando cruzó un trigal vio espigas de 9 metros. 'Debo estar en un país de gigantes', pensó.” Los viajes de Gulliver


Así, como el personaje de la inmortal obra de Swift, puede sentirse uno cuando descubre este imponente ejemplar de Aloe en el fantástico Jardín Botánico de La Orotava, en la isla de Tenerife. Diminuto, minúsculo, pero a la vez fascinado ante una planta a la que acostumbramos a ver raramente por encima de nuestras rodillas.
Aloe, del que normalmente se conoce a la especie Vera por sus propiedades curativas, es un género de plantas suculentas, lo que quiere decir que están adaptadas a acumular agua para hacer frente a la sequía. Ningún aloe es autóctono, ninguno pertenece a la flora de nuestra región mediterránea, aunque se hayan hecho tan familiares. Todos provienen de Oriente próximo, Madagascar y sobre todo de África, de sus tierras secas, áridas, agrestes, como este gigante que puede alcanzar los 3 metros de altura.
La naturaleza es así de fascinante, la evolución es un continuo jugar con las formas, los colores y también las proporciones. No hace falta el ADN para intuir el gran libro genético de esta maravilla. Existen helechos arborescentes y eran los comunes en el carbonífero, hace 300 millones de años. También algunas aulagas, ambrosias o siemprevivas decidieron, por alguna razón, alejarse del suelo y avanzar hacia los cielos del mundo arbóreo. ¿Por qué? ¿La ausencia de depredadores propició su crecimiento exagerado? O, al contrario, ¿fue alguno de estos, de proporciones descomunales y ya extinto, quizás un ave, el que obligó a nuestra planta a propiciarle frutos de mayor tamaño para poder dispersarse? ¿Son algunas de estas especies vegetales testimonio silencioso de un pasado que se desconoce? ¿Fueron testigo de una fauna aún no descubierta y que pareciese, más que de la realidad, propia de nuestra imaginación? ¿Fantasmas de la evolución como los llamaban el biólogo Daniel Janzen y el geólogo Paul Martin o una simple cuestión climática? Preguntas de difícil respuesta que me hice después. En aquel momento, lo reconozco, solo me dediqué a disfrutar como un enano. 

martes, 1 de septiembre de 2015

Isla de Tenerife I. Teide.

En las siguientes entradas narro algunas de las muy interesantes experiencias vividas en mi viaje por la isla de Tenerife: el mítico Teide, el Jardín de aclimatación de La Orotava y San Cristobal de La Laguna.  


Cuando llegamos allí, una extensa cola de turistas, la mayoría de ellos extranjeros, guardaba su turno para subir al teleférico bajo un sol que quemaba las esperas. La cotidianeidad nos teje, diariamente, una telaraña en los ojos, dijo Girondo. Pero resulta que hay quien ama a los insectos y a sus artificios y detesta la impostura de lo comercial y del espectáculo. De ese modo, entre los turistas, comenzamos a andar, cómo no, en dirección contraria. 
Hay quien, ante tal paisaje, solo ve desierto. Nosotros vimos maravillas. El Teide es un cono gigantesco, un estratovolcán originado por innumerables y sucesivas erupciones, cuyos materiales rocosos han ido superponiéndose a lo largo de los siglos. El Teide es un paraíso surgido de un cielo volcánico. Parque Nacional, patrimonio natural por la UNESCO, lugar de la Red Natura 2000. Varios son los galones y todos los merece. Con su pico de 3.718 m, el más alto de España, constituye una auténtica exhibición de vegetación de piso supramediterráneo con gran cantidad de endemismos canarios y especies de flora y fauna exclusivas del parque. Siempre me impactará observar como la naturaleza obtiene de la tierra más desolada y seca, lo necesario para sobrevivir. Sabia lección. Y lo hace en formas increíbles, como la del tajinaste rojo, espectácular planta que en primavera produce una enorme inflorescencia erecta que puede alcanzar los 3 m y que en este mes encontramos seca y cubierta de pinchos, pero no por ello menos bella. Sobrevive, sobre todo, la naturaleza en forma de matas como la hierba pajonera de color verde-grisáceo, de porte almohodillado y con hojas diminutas y coriáceas, una auténtica clase magistral de adaptaciones al clima de alta montaña (radiación extrema, cambios drásticos de temperatura, viento, etc.). La retama, el arbusto de mayor porte que podemos encontrar, es otro de los ejemplos de un plantel de lujo. Sin olvidar que entre las rocas, tal vez, espera sigiloso, con una astucia labrada a fuego lento por milenios, a que no haya humanos a la vista, para salir al sol un gran ejemplar de lagarto. Y así pareciese que, de esa forma, se parara el tiempo.
Horas después, regresamos por donde vinimos. Como en el cuento de Monterroso, los turistas todavía estaban allí. Un gran aplauso nos alertó de que los primeros estaban listos para subir al teleférico, agolpados en grupos de 40, como en la hora más punta de la línea 1 de Málaga (los malagueños saben bien a qué me refiero). A lo mejor vieron desde las alturas lo mismo de lo que nosotros fuimos testigos a ras de suelo, si es que consiguieron ver algo.
 Vista del paisaje de la zona del Teide próxima a la estación base del teleférico.


Laderas cubiertas por la Retama del Teide (Spartocytisus supranubius), el arbusto de mayor porte que podemos encontrar en tan altas cumbres.


Tajinaste rojo (Echium wildpretii), ya seco debido a los rigores de agosto.


El lagarto tizón (Gallotia galloti) es un lagarto endémico de las islas de Tenerife y La Palma y habitual en las laderas rocosas del Teide.