lunes, 30 de noviembre de 2015

Sobre la cumbre de París y el cambio climático

Ni las izquierdas y derechas con el cargante runruneo de los candidatos, ni la amenaza terrible del terrorismo y sus fanáticos, ni mucho menos la fugacidad de engañosos descuentos con nombre y origen norteamericano. Con los datos sobre la mesa, lo que más debiera importarnos ahora mismo es el cambio climático. Datos que hablan de catástrofes que todos conocemos y que solo se minimizarán (evitarlas fue posible, pero ya es tarde), según muchos expertos, con un cambio de modelo. En lo económico, en lo tecnológico, en lo social. (Recomiendo el artículo publicado hoy en El País “Hacia el final de una economía basada en las energías fósiles” del biólogo Luis Morales Carballo.)
Muchas voces se alzarán desde las redes contra los Jefes de Estado y de Gobierno que están reunidos estos días en París si no llegan a un acuerdo satisfactorio (ya incluso se les está criticando), y con razón . Pero, ¿estamos dispuestos como sociedad a aceptar ese cambio de modelo del que hablan los expertos? ¿eso que, en nuestro caso, no sería tanto un cambio de modelo como de actitud? ¿Evitaríamos esas conocidas franquicias de ropa barata cuya calidad potencia el “usar y tirar” de prendas fabricadas en el tercer mundo con un enorme coste social y medioambiental? (fabricar un vaquero cuesta 3.000 litros de agua según el observatorio del agua de la Fundación Botín, por no hablar del consumo de energía.) ¿Renunciaríamos a tener siempre el último modelo de TV, el de la pantalla más grande? (cuanto más grande es la pantalla más energía necesita para funcionar según el informe de WWF “TV-Off” que también indica que cada año se venden en el mundo unos 220 millones de televisiones, cuyo consumo energético supone la emisión a la atmosfera de 200 megatonaladas de CO2.) ¿Y los archideseados móviles? (El impacto ambiental de los teléfonos móviles es brutal y no se ve, según Enrique Montero, profesor de Tecnología Electrónica de la Universidad de Cádiz, por el uso de elementos químicos cuya extracción y procesamiento provocan destrucción de la naturaleza, contaminación del agua, aire y suelo con sustancias tóxicas y radiactivas.)
Por supuesto, al igual que cuando se habla de las emisiones provenientes del uso del automóvil nadie se refiere a dejar de usar este, tampoco se dice ahora que dejemos de comprar ropa, televisores o móviles. Si se compra barato y de mala calidad habrá muy pronto que comprar más para reponer, en el primer caso. Y no es necesario tener siempre el último modelo de todo, en los dos últimos. Hablamos de promover un consumo más racional, sostenible y con menos despilfarro. Tan sencillo como eso.
Dejarlo todo en manos de los políticos y criticarlos cuando nos fallan es cómodo, pero ineficaz. Dijo Víctor Hugo que el futuro tiene muchos nombres. Para los débiles es lo inalcanzable. Para los temerosos, lo desconocido. Para los valientes, la oportunidad. Seamos valientes, aún estamos a tiempo de mitigar el desastre. Aún tenemos la oportunidad de construir un futuro mejor.

Foto: Luis de Bethencourt. cc.

martes, 3 de noviembre de 2015

Ciudades de bambú

Si hace unos meses veíamos el proyecto del arquitecto belga Vincent Callebaut que consistía en convertir París en una ciudad verde para 2050, es ahora una firma china, Penda, la que nos aporta una solución arquitectónica sorprendente e innovadora: ciudades de bambú. 

Estas constarían de edificios sostenibles y podrían albergar hasta 20 mil personas. Sus creadores que ya realizaron un espectacular pabellón de Bambú para la feria de diseño de Beijing, afirman que esto podría ser realidad en 2023. Uno de los integrantes del equipo ha comentado en una entrevista: “El estado actual de irresponsabilidad en la planificación de las ciudades, hace que nuestra profesión deba replantearse los procesos constructivos. El uso de materiales naturales como el bambú, vinculado a un sistema modular inteligente, serviría para estructurar de manera inteligente y tener la libertad de crecer en cualquier dirección.” Dichos materiales se podrían reintegrar en la naturaleza al terminar su vida útil. 


Las autoridades chinas ya han mostrado su interés en el proyecto, porque, además de sostenible en un momento en el que el cambio climático es el mayor desafío, sería economicamente rentable. ¿Y en España? ¿Sería posible algo así? Por supuesto. Se puede y se debe. Según un estudio del CSIC, los territorios de nuestro país menos vulnerables a la crisis fueron aquellos que contaron con una economía más diversificada, los que mantuvieron una industria renovada y de innovación. Es decir, País Vasco y Navarra. Basar la recuperación económica en sectores agotados como la construcción y estacionales como el turismo es volver a cometer los errores del pasado. Hay que adaptar los modelos productivos a los nuevos tiempos. Tenemos profesionales de sobra preparados para cumplir un gran papel en el presente y en el futuro, aunque no salgan en los medios mayoritarios: infraestructuras como los Techos Verdes, eficiencia energética de las viviendas, energías renovables, turismo sostenible, movilidad responsable, alimentación ecológica, etc. Tan solo nos falta, en mi opinión, voluntad política y creérnoslo. Por algo dice un proverbio oriental que la sabiduría del bambú es saber doblarse sin romperse y sacudirse cuando la tierra tiembla. A ver si nos sacudimos las inercias político-económicas históricas y esas estructuras mentales pesimistas tan limitantes.








Fotos (muy recomendable verlas una por una): http://www.home-of-penda.com/