sábado, 12 de diciembre de 2015

Nejbet

En el antiguo Egipto, los buitres eran animales sagrados. Existía el culto a Nejbet, la diosa buitre con alas. Su función era dar protección en los nacimientos, sobre todo en los de los dioses y reyes. Aquellos hombres y mujeres de hace miles de años no tenían los conocimientos en zoología que hoy tenemos, pero demostraron conocer la importancia de este bello animal en nuestros ecosistemas. Para que lo nuevo nazca con fuerza, primero hay que limpiarse de lo viejo, debieron pensar. Y tenían razón. Efectivamente, nuestros amigos limpian los espacios naturales de cadáveres, sobre todo de ungulados, y así nos evitan multitud de enfermedades infecciosas.
En el Paraje Natural del Desfiladero de los Gaitanes vimos a los buitres leonados (Gyps fulvus), con su elegante planeo sobrevolando las altas cumbres de los macizos rocosos. Son unos maestros del aire. Su dominio del vuelo, sus giros lentos, su cadencia buscando siempre el gasto mínimo de energía, sus casi 3 metros de envergadura alar, el sonido de sus alas cortando el aire. Contemplarlos es toda una gozada.
En España tenemos la suerte de ser su principal reducto europeo. Fuera de nuestras fronteras solo podemos ver algunas poblaciones en Francia, Portugal, Grecia, los balcanes, norte de África, Arabia y algunos países de Oriente próximo. Pero son pequeñas, fragmentadas y en declive. Aquí se ha pasado en pocos años del desprecio a la admiración que sin duda estas enormes aves se merecen. Hoy, salvando el período posterior a la enfermedad de las vacas locas que obligó a eliminar la carroña de los montes, ocurre lo que hasta hace poco era impensable, que las noticias de avistamientos en balcones y azoteas se hayan convertido en familiares. En 2008 según el censo de la SEO se calculó que existían en nuestro país más de 24.600 parejas, saliendo de las «Listas Rojas» de especies amenazadas
Actualmente se sigue trabajando para que la legislación sea más permisiva aún y que no sea necesaria la retirada de reses muertas y su destrucción, y queden así disponibles para la alimentación de estos grandes necrófagos. Los envenenamientos y los accidentes en parques eólicos y tendidos eléctricos son otros campos de batalla en los que debemos dar el máximo.
Nos lo devolverán con creces. Como en el antiguo Egipto, sabrán proteger con su maestría el alumbramiento de una naturaleza nueva al final de todos y cada uno de los días. Por todas estas razones no nos cansamos de admirarlos.



Fotos: María Dolores Olea

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