domingo, 27 de noviembre de 2016

Liquen

Siempre me han parecido fascinantes los líquenes, con sus ráfagas de color cubriendo el lienzo seco de las cortezas, génesis de una segunda piel. Como pintores de la naturaleza, como geniales grafiteros que tiñen de arte los grises muros que habitan las ciudades.
Normalmente se les asocia con lugares umbríos, cubiertos de lluvia y sombras, con las bellas y húmedas tierras del norte de España, con recónditos bosques. Pero resulta que podemos encontrarlos en los montes de Colmenar, a poco menos de 30 km de la ciudad de Málaga.
Dijo Cortazar, que la felicidad para él tenía un aire como de unicornio o isla, de caída interminable en la inamovilidad. Y yo podría pasarme horas contemplando inmóvil semejantes unicornios. Y sería completamente feliz. Los líquenes están formados por la unión simbiótica entre un alga y un hongo, en uno de esos malabares con los que la evolución deslumbra el corazón de los hombres, en una pirueta acrobática directa al talón de aquiles de lo lógico y de lo previsible. El alga pone la energía fruto de la fotosíntesis, mientras que el hongo cumple su parte del trato añadiendo agua y minerales. Ocurrió hace millones de años y hoy, su éxito (habitan desde regiones polares hasta trópicos y desiertos), nos da una lección de valor incalculable sobre el poder de la colaboración y las sinergias.
El que vemos en la foto, vistiendo almendros y otros árboles en la "ruta de La Molina" de Colmenar, es Xanthoria parietina. Se caracteriza por soportar condiciones de sol prolongado y ausencia de lluvia, lo que lo hace el superviviente ideal de entre los líquenes en nuestros campos secos y agrestes de Andalucía.
Acabamos de decir, recordando los libros de Ciencias Naturales que muchos estudiamos, que el liquen es el resultado de la unión entre un alga y un hongo. Pero la ciencia avanza y los libros de Ciencias Naturales, o como se llamen ahora, envejecen. Y es que hace tan solo unos meses, ha sido descubierto un tercer miembro del consorcio, una levadura, oculta hasta ahora para los ojos de generaciones de biólogos. El investigador Toby Spribille y sus compañeros de las universidades de Montana (Suecia), Graz (Austria), Purdue (Estados Unidos) y el Instituto Canadiense de Investigación Avanzada de Toronto se han llevado la portada de la prestigiosa revista Science por ello.
No debemos mirarlos con recelo, al revés. Son bioindicadores, lo que quiere decir que los lugares que habitan se caracterizan por un buen estado ambiental, por una buena calidad del aire. No son signos de enfermedad, sino de salud, y debemos de conservarlos como a cualquier otro integrante de los ecosistemas.
Por todas estas razones, porque la felicidad tiene, según Cortázar, un aire de unicornio o isla, yo quiero ser feliz contemplando un liquen, yo quiero sentirme liquen.


domingo, 20 de noviembre de 2016

La Molina (Colmenar)

Cuando llegamos a Colmenar dispuestos a hacer la ruta (una de las señalizadas recientemente y que podemos encontrar en la web del municipio) nos dijeron que en esos caminos poco había que ver. Pero como dijo Saint-Exupery, lo esencial es invisible a los ojos. Y a eso nos dispusimos, a desentrañar invisibilidades.
Colmenar, a poco menos de 30 km de la ciudad de Málaga, es vía de entrada y escaparate de los valores de la Axarquía. Olivos centenarios, cortijos antiquísimos, algunos abandonados y otros aún con actividad, y plantaciones inacabables, forman junto a una naturaleza oculta pero fascinante, las señas de identidad del recorrido. La ruta comienza justo detrás de la ermita si llegas desde el pueblo, en el carril izquierdo teniendo ésta a la espalda. No está muy claro, por eso le tuvimos que preguntar a un par de agentes de policía que nos atendieron amablemente.
El tajo del hornillo, Sierra Prieta, Hundidero son un impresionante telón de fondo axárquico durante el camino. Un monolito (sobre el que aparezco sentado en la fotografía) nos avisa de la cercanía del Cortijo de la Molina, casa de labranza del siglo XVIII, que da nombre a la ruta y que, habiendo sido restaurada recientemente, hará nuestras delicias con su era intacta (redondel adoquinado con piedras en el que muchas veces con la ayuda de los animales de carga se realizaba la trilla, es decir, se separaba el trigo y la cebada de la paja).
Normalmente asociamos los líquenes con lugares umbríos, cubiertos de lluvia y sombras, con las bellas y húmedas tierras del norte de España, con recónditos bosques. Pero el que vemos en la foto, vistiendo almendros y otros árboles, es Xanthoria parietina, que se caracteriza por soportar condiciones de sol prolongado y ausencia de lluvia. Son bioindicadores, lo que quiere decir que los lugares que habitan cuentan con un buen estado ambiental, con una buena calidad del aire.
La lagartija colilarga (Psammodromus algirus) es un reptil clásico del monte mediterráneo, de las zonas de matorral y de los campos de cultivo. Se alimenta principalmente de insectos que captura con facilidad gracias a su agilidad de movimientos y a su capacidad para mimetizarse con el rocoso entorno y la hojarasca.
Puede que una de sus presas sea el chinche de la malva arbórea (Pyrrhocoris apterus), también conocido como zapatero o San Antonio. Es nada más y nada menos que un depredador natural de la euzophera, el abichado del olivo, un lepidóptero que excava galerías en la madera, pudiendo provocar el secado e incluso la muerte de tan importante árbol para nuestra economía. Insecto entonces de gran importancia igual que de gran belleza. Como de gran belleza es también esta vanesa de los cardos (Vanessa cardui), una de las mariposas de mayor distribución geográfica, encontrándose en todos los continentes menos en la Antártida. Por no hablar del canto de una sugerente avifauna.
Otros cortijos como el de Napolín nos hablarán de un pasado no tan lejano, el de la cría del ganado. La antigua cañada real "Alhama-Antequera" lo hará de unos tiempos en los que estos campos eran camino obligatorio para la transhumancia entre las provincias de Málaga a Granada.
Cortijos históricos, líquenes bioindicadores, insectos que luchan contra plagas, mariposas que han colonizado casi todo el planeta. Nos dijeron que había poco que ver, pero sabíamos que, como dijo Saint-Exupery, lo esencial es invisible a los ojos. Y nos dispusimos a desentrañar invisibilidades.