Las 7 fuentes de Casabermeja

El agua es el principio de todo, dijo el filósofo de la antigua Grecia Tales de Mileto. Y es que el líquido elemento ha jugado un papel fundamental en la historia de la humanidad.

Desde tiempos inmemoriales, el ser humano buscó los manantiales, se asentó sobre ellos, al abrigo de sus cuevas. Aprendió con los siglos a poner el agua a su servicio, a superar distancias, a dar de beber al ganado, a comerciar con ella incluso, a abastecer lugares que consideraba óptimos para su asentamiento.
Llegó a encontrar la paz interior con sus mágicos sonidos, a abrazar con sus paisajes la poesía, la pintura.
Las fuentes son el vestigio, el recuerdo. Centinelas que nos retrotraen a tiempos en los que los trayectos se hacían eternos, en los que apretaba el calor tórrido del estío, en los que siempre era bienvenido un trago al borde del camino.
Enclavada en los Montes de Málaga, a apenas 20 km. de la capital, Casabermeja es la vía de entrada a un laberinto montañoso de olivos, almendros y matorral mediterráneo. Una localidad en la que se hallaron restos arqueológicos que sitúan la presencia humana en la Prehistoria.
Para hacer esta ruta, perfectamente señalizada y apta para cualquier persona a cualquier edad, nos dirigimos a la parte alta de la Avda. de la Constitución, conocida como “La Rajilla”, donde tomar un camino empedrado que asciende paralelo a un arroyo. A unos 100 m. del mismo aparece nuestra primera fuente, “La Alcubilla”.
Continuamos subiendo y tras una pronunciada curva, uno de los mejores momentos del recorrido: una preciosa panorámica del pueblo, sus campos y sus sierras a lo lejos.
En esta primera parte del sendero nos acompañará un monte bajo de tomillos, cantuesos, retamas y aulagas. Siguiendo este tramo hasta el final, junto a un gimnasio al aire libre, giramos a la derecha, subiendo para encontrar la segunda fuente: “El Chorro”.
Ascenderemos un camino de tierra situado a la izquierda de la misma hasta pasar por una casa cuadrada con chimeneas rojas y continuar, tras 200 m. de subida, para alcanzar una vía asfaltada.
Tras cruzarla, encontramos otra bella panorámica, esta vez de los Montes de Málaga. Ocupada antiguamente por viñas desaparecidas por la filoxera, ahora está zona está repleta de almendros, lo que convierte a la ruta en un plan ideal para febrero.
Iniciamos un descenso de aproximadamente 1 km por un carril asfaltado y tras otro bajamos a la autovía cruzándola por abajo. A nuestra derecha, oculto tras la vegetación, un imponente salto de agua que, pese a las apariencias, fue creado artificialmente.
Seguimos paralelos al río, y a unos 50 metros, a la derecha, se esconde una nueva fuente, “la Chorrerilla del Corte”; difícil de ver entre la maleza. Lo mismo ocurre con la fauna de estos hábitats fluviales: el galápago leproso, sapos, ranas, culebras.
En una nueva bifurcación tomaremos el carril paralelo a la autovía que nos permitirá cruzar el puente. Tras ello subiremos monte y tras un nuevo desvío a la derecha aparece “Las Parras Viejas”.
Envuelta por un halo de decadencia, aún permanece allí desafiando el paso del tiempo. Aunque por los materiales se ha datado como del siglo XVIII o XIX, ya aparece en documentos del XVI.
Y nos devuelve a otros mundos, a otras gentes, a mujeres armadas con cántaros en las caderas, a casas sin agua corriente obligando a los vecinos a andar kilómetros, a tiempos en los que el transporte de mercancías y personas se realizaba mediante bueyes o caballos.
Aún existe la alberca que almacenaba el agua sobrante con la que se regaba una huerta que existió hasta mediados del siglo XX.
Continuamos el camino hasta llegar al Centro de selección y mejora de la cabra malagueña y desde aquí regresamos al pueblo, que nos obsequia con nuestra última fuente: “Las Parras Nuevas”, la que trajo la red de agua hasta el casco urbano.
A unos pocos metros, el “Castelum Aquae” obra hidráulica romana y el cementerio de San Sebastián, declarado Bien de Interés Cultural.
El agua: el origen de la vida, el principio de todo como dijo Tales de Mileto, punto de encuentro, lugar para la paz.
Las fuentes son el legado de toda esa historia, de nuestra historia. Constituyen, además de un recurso paisajístico, ambiental y turístico, un valiosísimo patrimonio histórico, social y cultural que es nuestro deber reparar y conservar. Nos enriquecerá a todos.














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