Torre de la Alhaja o Quirosa

El bosque siempre ha ocupado un lugar destacado en nuestro imaginario. Desde tiempos inmemoriales nos ha provocado curiosidad y rechazo, atracción y alerta, fascinación y miedo y eso lo hemos recreado en nuestras narraciones.

Desde aquellos lugares oscuros habitados por criaturas fantásticas y amenazantes de los cuentos medievales a ese paraíso con el que regresar a los orígenes del ser humano del que habló Thoureau. Pero también el bosque, o la selva, ha sido descubrimiento, encuentro con civilizaciones antiguas, con sus vestigios en forma de construcciones ocultas por el tiempo y la maleza.

Uno pensaba, en su ingenuidad, que en la Europa contemporánea esto era imposible. Hoy voy a contar lo que nunca me hubiera gustado contar. Lector, debo avisar, aunque ojalá me equivoque, que es probable que cuando leas esto ya no exista la Torre de la Quirosa o de la Alhaja. Comenzamos.

Esta ruta transcurre por los Montes de Málaga, aunque fuera del Parque Natural: el Pinar de Los Almendrales. Si partimos desde el centro de la ciudad cogeremos la línea 37 en dirección Monte Dorado y bajaremos en la parada "Camino de los Almendrales - Sierra Blanquilla".

A partir de esta, continuaremos andando el Camino de los Almendrales con las viviendas y negocios a nuestra izquierda unos 900 m hasta el puente de la Autovía del Mediterráneo, que atravesaremos.

En primavera o en épocas próximas, toda esta zona es una explosión de vida, con todo tipo de herbáceas brotando de incluso las alcantarillas, insectos polinizando y hasta algún caracol. Una gozada.

Tras el puente y su estruendo de vehículos, nos adentraremos en el pinar por un tramo aún asfaltado. Es un área boscosa de repoblación de pino carrasco (pinus halepensis) en la zona sur y canario (pinus canariensis) en la norte. A la izquierda, en el interior del bosque, discurre un arroyo: el de la Quirosa.

En la primera bifurcación elegiremos el camino de la izquierda. Caminaremos 800m hasta ver a nuestra derecha el ramal que conduce al Club Hípico El Pinar. Aquí, junto a un aljibe, podemos dejar el coche si hemos realizado todo este tramo en vehículo privado.

Continuaremos todo recto unos 600m, hasta entrar en el pinar. Este atesora un sotobosque de matorral mediterráneo con tomillos, matagallos, esparragueras, retamas y también árboles como algarrobos y acebuches.

A poco de comenzar a andar nos encontramos en una gran explanada y dos caminos. Cogeremos el de la izquierda, aunque luego tendremos que volver sobre nuestros pasos. La razón no es otra que la de contemplar las ruinas de la Ermita de la Quirosa y de una enorme alberca, islas en medio de los pinos, recuerdos de cal y piedra de cuando en estas tierras se pisaba la uva y se creaba el riquísimo vino de los montes, un curioso homenaje decadente a un modo de vida y a sus gentes.

Tras regresar a la amplia explanada, descubriremos un bosque cada vez más cubierto en el segundo camino, con pinos más altos. Estos son en su mayor parte, resultado de las reforestaciones realizadas por el ingeniero de montes José Martínez Falero en la década de 1930 para hacer frente a las continuas inundaciones que asolaban la ciudad.

Este sendero se dividirá en dos ocasiones. Seguiremos en primer lugar la vía izquierda y por último la derecha. Si nos giramos en determinados momentos del recorrido veremos las dos enormes cúspides de San Antón como colosos de piedra a nuestras espaldas.

El último tramo de apenas unos cientos de metros nos llevará, al fin, a la Torre. Verla desde el sendero es imposible, de ahí las experiencias de muchos senderistas que no pudieron culminar con éxito la salida y se fueron a casa sin ver el monumento. 

Recomendamos el uso de smartphone y tenerla previamente localizada en este aunque sea de manera aproximada (coordenadas 375.579X y 4.068.570Y). Tendremos que adentrarnos campo a través en una tupida masa boscosa en la que su ruinosa silueta apenas sobresaldrá de entre pinos y algarrobos. Encontrarla nos produjo una enorme alegría.

Esta torre -más bien lo que queda de ella-, es de origen nazarí. Enclavada a 243,50 metros sobre el nivel del mar, se cuenta que mantenía contacto visual con la torre Blanca del castillo de Gibralfaro, por lo que permitía a los vecinos de zonas cercanas refugiarse en caso de un peligro como un desembarco enemigo. No es por lo tanto, una torre vigía, sino una torre refugio.

Tras la conquista cristiana se siguió usando, pero a partir de un momento que desconocemos comenzó a desaparecer entre los pinos, sepultada por la maleza y la ignorancia hasta que fue descubierta por unos cazadores en... ¡1987!

No aparece en el catálogo del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico, tan solo en el de protección arqueológica del Ayuntamiento de Málaga. Por defecto, está protegida por el decreto de veintidós de abril de 1949, sobre protección de castillos de España.

Pero no se protege, está en ruínas, desmoronándose lenta pero inexorablemente, piedra a piedra, con la erosión, con una leve lluvia, con el viento... Es no ya necesario sino urgente su apuntalamiento, consolidación y reconstrucción inmediata. Y eso es algo que defiende el propio Ayuntamiento en su PGOU.

También se podrían realizar actividades como recrear el funcionamiento defensivo medieval (señales de aviso con luces). Y eso también lo dice el propio Ayuntamiento.

Es un yacimiento de época medieval andalusí y se encuentra en un estado lamentable. Las administraciones tienen el deber constitucional de conservar nuestro patrimonio cultural e histórico y de promover el conocimiento de la historia local y el respeto por dicho patrimonio.

Dejamos atrás la silueta de la torre, digna pero decrépita, y en lugar de volver por el mismo camino, continuamos a través de un bosque de galería que es una delicia, con una vegetación característica diferente a del pinar, mucho más verde, con hiedras, vincas, aliums.

¡Y sorprendimos en sus acrobacias, saltando de copa en copa, a un par de ardillas!

Caminaremos siempre paralelos al cauce del arroyo y sin perderlo de vista hata volver a enlazar con el carril asfaltado que nos llevará al punto de inicio -y final- de la ruta. Una ruta a través de un bosque tan apasionante como cercano, con un descubrimiento que nunca, no al menos así, nos hubiera gustado contar.




















P.S: justo nos parece hacer una mención al blog http://investigacionesprovincialesmalagueñas.blogspot.com gracias al cual supimos de la existencia de la torre.

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